Relatos de música, cerebro, síndromes y transtornos

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English: Neurologist and writer Oliver Sacks at the 2009 Brooklyn Book Festival. (Photo credit: Wikipedia)

¿De qué sirve recostruir el mundo interno de una persona que está sumida en una realidad propia y única, ajena a todo idea sobre lo que significa una “realidad objetiva”? De mucho, sobre todo para los que se interesan por comprender qué sucede en esas mentes que por diferentes razones son “diferentes” al resto, ya sea por accidentes, o porque la naturaleza los hizo así.

¿Qué es esa cosa que mueve a la humanidad y que existe desde el inicio del hombre, desplazándolo hacia las máximas alturas y profundidades de sus emociones, permitiéndole evocar sentimientos y recuerdos pasados?: la música. Aunque su verdadera función va mucho más lejos.

La música nos puede sacar de la depresión, hacernos bailar a su ritmo; de hecho, la música ocupa más areas en el cerebro de las que ocupa el lenguaje, carece de conceptos, imágenes, lenguaje, no representa nada, no tiene relación alguna con el mundo: los humanos somos una especie musical.

En Musicofilia, historias de música y del cerebro, el neurocientífico Oliver Sacks, presenta casos clínicos variados de personas que han vivido transtornos musicales. Por ejemplo, seres que no tiene el aparato necesario común a la mayoría para apreciar tonos, melodías y armonía (amusia) para quienes la música no es nada diferente a un estruendo de ollas al caer sin sentido alguno, lo cual significa un permanente caos para el oído y para la mente.

La música ejerce un poder inmenso sobre las personas, es muy fácil de entender pero a su vez es inexplicable. Mucho de lo que sucede cuando escuchamos música es igual a lo que sucede cuando la imaginamos y no se entiende por qué  mucha de la música que oímos en los primeros años se almacena en nuestra mente por gran parte de la vida.

El misterio de la música se puede investigar en la música, en quienes la crean y en quienes la aprecian. Sacks también relata casos en los que seres corrientes que disfrutaron de la música de manera normal a lo largo de su vida, se convierten en genios musicales luego de sufrir un accidente. Como el caso de un doctor que luego de un golpe en la cabeza decide cambiar de carrera y empieza a tocar piano y se aprende de memoria miles de composiciones y crea otras con gran maestría.

También hay personas que acuden a terapia neurológica para lograr sacar de la cabeza una melodía repetitiva que no los deja vivir en paz porque está resonando día y noche. ¿Cómo se tratan esos casos? A lo largo de la narración más próxima a la humanidad que a la ciencia, Sacks explica que el misterio de la música está relacionado con la neurología y el sistema nervioso; y que ésta puede ser utilizada también como terapia para ayudar a las personas enfermas. Por ejemplo, hay pacientes de Parkinson a quienes la música y el ritmo les ayuda a moverse; gente sin habla que logra hablar gracias a la música; y enfermos de Alzheimer y Amnesia a quienes la música les ayuda a organizar sus pensamientos y recuerdos.

El hombre que entra a terapia con el Dr. Sacks para saber qué es exactamente lo que sucede con su forma de ver el mundo, a quien la percepción no se le presenta como un todo sino como una serie de fragmentos a los que hay que darle sentido, es una persona como cualquier otra sólo que con un extraño síndrome: Agnosia. Este y otros casos clínicos los aborda Sacks en El hombre que confunidió a su mujer con un sombrero. Al salir de terapia, el paciente no reconoce a su esposa como tal, y cree que la cabeza de esta es su sombrero y la agarra para poérsela. En estos casos, el cerebro es incapaz de hacer una conexión entre la información sensorial y las experiencias pasadas.

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English: PET scan of a human brain with Alzheimer’s disease (Photo credit: Wikipedia)

No, eso sucedió hace unos pocos años, o incluso se puede decir que hace unos cuantos meses o semanas. ¿Qué?, eso pasó en 1945. Es el caso de los enfermos con el síndrome de Korsakoff. Estos individuos, han perdido la capacidad de generar nuevos recuerdos, como le sucedió al marinero perdido,  quien no recuerda nada de su vida  después de la Segunda Guerra Mundial en la que peleó. Sus únicos recuerdos pertenecen a esa época y 25 años después aun cree que está en 1945.

El paciente que no logra identificar a su pierna como parte de su cuerpo y se aterroriza ante su presencia creyendo que ésta ha sido puesta ahí por alguien para asustarlo y atormentarlo es un extraño caso de Prosiocepción.  Estos seres pierden el sentido de correlación entre la mente y los músculos. Todo un caos mental que el neurólogo debe entender para intentar reconstruir un mundo interior en completa desconexión.

Otros casos como el del estudiante de medicina quien luego de consumir drogas en cantidad una noche, al día siguiente se despierta con el sentido del olfato inexplicablemente aumentado; o el de los gemelos autistas que hallaban coherencia en el mundo y en sí mismos, sólamente comunicándose no por medio del lenguaje sino por números primos  de grandes cifras: – 2113, -No, mejor 3001, – Qué tal 3343? En cuestión de milésimas de segundos, les daba alegría y tranquilidad la exactitud de esa coherencia.

Cada caso es único y asímismo difícil de identificar y medicar. Pero en los libros de Sacks, nos cuenta que el trabajo de reconstrucción interior y de encontrar sentido va más allá de la relación paciente-doctor, para entrar dentro de un proceso de comprensión cargado de experimentos y de paciencia que se inicia dentro de un marco de amistad entre paciente y neurólogo. Sus relatos hablan de la ciencia desde una perspectiva humana como un continuo juego de exploración hacia los misterios de la mente humana y como la absoluta certeza de que es más lo que no se entiende o se conoce.

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