Literatura y violencia

Al final de Cien Años de Soledad (1967) el último Aureliano tiene una crisis delirante, suscitada por la muerte de su amante y tía, Amaranta Úrsula, ocurrida después de que da a luz a su hijo con cola de cerdo. Recorre Macondo buscando amigos y ausentes y se entrega a una larga borrachera, que sólo termina cuando recuerda que el recién nacido se ha quedado solo en casa. Al regresar allí, encuentra el cuerpo desangrado de Amaranta Úrsula aún en su cuarto, y el del niño en el proceso de ser devorado por un ejército de hormigas carnívoras. Su reacción ante ese pavoroso cuadro es descrita de la siguiente manera: “Aureliano no puedo moverse, No porque lo hubiera paralizado el estupor , sino porque en aquel instante prodigioso se revelaron las claves definitivas de Melquidaes” (324) c.a.d.s. Lo que Aureliano hace a continuación es bien conocido: se dirige a los esquivos manuscritos de Melquiades, cuya clave por fin comprende, y comienza a descifrarlos, para leer en ellos la historia de su familia. El proceso de lectura ocurre mientras un viento  bíblico arrasa a Macondo, borrando también en este caso las huellas de una larga historia de padecimientos. Un viento parecido, recordemos, había iniciado el fuego que destruye la casa de la abuela de Erénida, dando origen a la deuda que la muchacha saldará con el trabajo de su cuerpo, cuyos frutos se convertirán luego en lingotes de oro. P 55,56

Cien Años de Soledad
Cien Años de Soledad (Photo credit: Pickersgill Reef)

Al final de La Increíble y Triste historia de la cándida Erénida y su abuela desalmada (1972), cuando el bello Ulises mata a la abuela desalmada y libera a Erénida, ella no huye con el galán para formar con él una pareja. LA muchacha comprueba primero que su abuela está realmente muerta, y luego nos dice el narrador que ocurre lo siguiente: “su rostro adquirió de golpe toda la madurez de persona mayor que no le habían dado sus veinte años de infortunios. Con movimientos rápidos y precisos, cogió el chaleco de oro y salió de la carpa” –(43). Después de eso, Enérida sale corriendo, mientras Ulises la llama repetidamente, sin que ella lo escuche. Sólo huye con el chaleco en las manos hasta perderse en el horizonte del desierto. El relato termina diciendo que “jamás se volvió a tener noticia de ella ni se encontró el vestigio más ínfimo de su desgracia” –43. P 55.

En los dos relatos la conclusión de la historia es suscitada por una epifanía que ocurre cuando los personajes contemplan los cuerpos violentados de seres ligados a ellos por lazos de parentesco. Este momento de horror sublimado conduce a la recuperación de un patrimonio, algo muy evidente en el caso del oro que carga Erénida en su huida; un poco menos en el de la historia de los Buendía, porque el viento se lleva los manuscritos. Sin embargo en los dos casos el bien material más palpable, para el lector, es el libro que sostiene en las manos, y sobretodo la historia que acaba de leer. Dicha historia llena el vacío creado por el propio autor, quien establece así una necesidad que el lector saldará con la misma obra. En la literatura, tanto las historias narradas como los libros que las contienen constituyen un bien patrimonial. P 56.

En García Márquez, la escritura literaria se entiende desde los primeros años como una labor dirigida a recuperar para los lectores la historia de los dramas y padecimientos de una comunidad nacional, en un formato que permita su circulación a nivel nacional, es decir, como un bien de alto contenido simbólico para la nación, no solo porque constituye su identidad sino también porque lo hace desde experiencias que tienen resonancia en otros contextos. Entre estas experiencias se encuentran los padecimientos y secuelas de la violencia. Las historias que cuenta García Márquez se refieren con frecuencia a este motivo, relacionado con una inquietud común entre los autores colombianos del momento durante el cua se formó como escritor, es decir en los años cincuenta, cuando el país vivía el drama de La Violencia, una cruel confrontación entre liberales y conservadores que dejó miles de muertos y que fue tematizada en varias novelas. Aquí me referiré al proceso de formación que llevó al escritos a entender y desarrollar  esta concepción de la literatura… La Mala Hora (1962) y El Coronel no tiene quien le escriba (1962), y una más tardía, Crónica de una muerte anunciada (1984), en las cuales se destaca el tema de la violencia y la preocupación por cómo narrarla. P 56.

García Márquez se refiere a la violencia como “el primer drama nacional de que éramos conscientes” –578. Narrar bien el drama de la violencia era para García Márquez el camino más apropiado para escribir una literatura nacional con proyección transnacional.

La Mala Hora (1962) y El Coronel no tiene quien le escriba (1962) son leídas como pertenecientes a la etapa realista del autor, anterior a su época de mayor reconocimiento internacional, cuando publicó los cuentos y las novelas que sería asociadas con el realismo mágico. Los elementos relacionados con los esfuerzos de García Márquez por narrar el tema de la violencia, en el cual lo nacional se proyecta hacia fuera en un lenguaje que habla en general sobre la experiencia humana del sufrimiento y la muerte.  P 57, 58.

García Márquez considera que la literatura sobre la violencia ha defraudado a la nación. Que ésta en lugar de encargarse de describir los hechos sangrientos debería enfocarse en contar las consecuencias de quienes sobreviven la violencia, no su perpetración. Desde esta perspectiva, la violencia es una fuerza que precede y motiva el texto, pero no es nombrada por él, de tal manera que en el producto final las huellas del sufrimiento están borradas, como en el oro que carga Eréndida cuando huye al final de su relato. P 59.

19/03/2009 La Ministra de Cultuta de Colombia ...
García Márquez 19/03/2009 (Photo credit: Wikipedia)

Tanto La Mala Hora (1962) y El Coronel no tiene quien le escriba (1962) se ocupan de mostrar una comunidad donde los efectos de la violencia están por todas partes, aunque no se describe en ellas prácticamente ningún episodio de violencia física. Ésta ocurre antes de los eventos descritos en la novela. Esta presente como una ausencia, o un silencio. P 59.

En las dos novelas tempranas que he comentado, dichos silencios son enigmas que quedan sin resolver, o textos que están simplemente marcados por alguna forma de silenciamiento, porque han sido censurados, porque circulan en forma clandestina, o porque el lector nunca conoce su contenido exacto.

En Crónica de una muerte anunciada la estructura misma de la novela anuncia en las primeras fases una conclusión, el asesinato de Santiago Nasar, cuya descripción precisa demorará hasta la última página, manteniendo así un suspenso que sostiene y empuja en forma determinante la lectura. No es coincidencial que dicha conclusión se refiera precisamente a una muerte: el anuncio sobre el silenciamiento de la voz del personaje establece un deseo de conocer su historia, una historia que es, además, la de una víctima que no pudo defender su inocencia.

LITERATURA, PRÁCTICAS CRÍTICAS Y TRANSFORMACIÓN CULTURAL. El Patrimonio nacional y la Representación de la Violencia en Gabriel García Márquez. María Helena Rueda.

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