Albarracín: un escritor olvidado de sí mismo

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El crítico cultural de la escena bogotana Víctor Albarracín desde mi punto de vista es un pretencioso de crear movimientos y espacios que alienten un debate sobre lo que debería ser el arte, pero en el fondo lo que salta a mi mente es la personificación de un posmoderno debilucho que articula un desastrozo nivel de comprensión sobre la realidad social bogotana al menos eso dejan ver sus escritos.

Que el Ministerio de Cultura de la República de Colombia se haya atrevido a publicar su libro El tratamiento de las contradicciones, es una ofensa pública a los ciudadanos por no decir a quienes trabajan por entender qué es lo que realmente sucede con la cultura en el país. Con seguridad el libro será leído por un puñado de jóvenes indecisos sobre su futuro como artistas y algunos adultos perniciosos que siempre están listos a aportar con críticas negativas todo intento de superación artística, expresiva, o educativa.  Para los primeros, el libro es un daño irreprensible que los acorralará dentro de sus limitadas opciones a no intentar superar un status quo que no perciben como peligroso; y a los segundos, les servirá como entretenimiento ante una vida enajenada que no soportan y no quieren vivir.

El mismo Albarracín, dentro de la crítica que hace al país y a sí mismo, buscando salirse de contexto a falta de argumentos sólidos dice:

Me resisto a la tentación de ese tesoro (refiriéndose al tesoro Quimbaya) porque veo en el la persistencia de unos términos siniestros, signos que me dicen que una relación ancestral insiste en amarrarme al hecho de ser un colombiano atrapado en un país por el que no siento ningún afecto. Yo no quiero ser colombiano.

Pues sí, eso se promueve desde el Ministerio de Cultura para las generaciones nuevas y las que están luchando por trabajar en proyectos de valores asociados a una apuesta por creer en el país. Por regla, casi siempre quienes odian al país se van y se olvidan de éste, lo critican desde afuera pero las cosas no van más allá; pero artistas como Albarracín lo que efectúan es una parodia de inteligencia observadora de realidades que no se ha interesado por estudiar.

El escritor  habla de una realidad social desde una perspectiva económica por no decir analfabeta, limitada, adornando sus pensamientos con alegatos de adolescentes reprimidos y rechazados que nada prometen ni proponen; pero lo que sí hace, es incitar a algo peor que la mediocridad, y eso es a no hacer nada y contentarse con lo que hay.

Y es que el carácter enfermizo de su prosa invita a pensar vidas solitarias y sin esperanza; sin nada que creer o por qué trabajar. Es muy fácil ser crítico sin hacer nada por cambiar la realidad.

No es mi estilo dedicar tantas palabras escritas a un personaje de este calibre, pero lo hago simplemente porque gente de su talla es la que hace que día a día el país se hunda en pozos pestilentes donde la luz del conocimiento y la crítica razonable no pueden entrar. Alguien que se entretiene pateando palomas en la Plaza de Bolivar no merece otra cosa sino ser reprimido por su falta de hombría:

Me mueve, el placer de patear esos apestosos sacos de carne parásita… depositar todo mi odio en semejantes ratas voladoras y mentirosas que, a fuerza de cultura, se han convertido en emblemas de paz…me basta y me sobra con reventar esos bichos de mierda, patearlas con fuerza para verlas caer sobre el pavimento de la séptima.

Si esta es la lectura que promueve el Ministerio de Cultura, definitivamente a Colombia le esperan días oscuros y de producción artística y cultural pestilente. Hace falta alguien que se encargue de revisar desde una mirada objetiva, con al menos un mínimo de conocimiento sobre lo que significa la economía social de mercado, cada crítico enclenque que surge desde la periferia a empeorar las cosas. Frases como esta que sigue son las que forjan a los jaladores de carros y a los atracadores del mañana:

Hay que prenderle candela al rancho, hay que patear la lonchera, hay que morder la mano que nos alimenta, hay que cagar en donde se come. Ese es el espíritu de los tiempos, es la verdadera responsabilidad social de esta generación.

Es un problema de grandes dimensiones dejar que quienes se denominan artistas, pero son ante todo reprimidos sociales, de la noche a la mañana se conviertan en críticos culturales y sean promovidos por una insititución tan importante para la imagen del país y la superación  como el Ministerio de Cultura.

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8 comentarios

  1. si a este texto se le quitara el nombre albarracín y se pusiera otro, parecería escrito por albarracín. pero como ahora es el el criticado y no el criticón ( no crítico ) tratara de revertirlo a su favor apoyado por y solo por sus amigos. vanagloria intrascenente

    • No me pongan el traje de derrota de ese señor, ni mucho menos su peluca de amargura. Si parece escrito por Albarracín es porque hay algunas de sus citas, nada más por eso

    • digo q parece de Albarracín ya que una de sus tácticas es hacerse sonar incluso hablando mal de sí mismo , es más así es q es reconocido gracias a hacerse sonar y el respaldo de sus amigos ( conveniencia) ,más no por calidad o trascendencia en su hacer

  2. Pues a mi el que me parece un reprimido social es este pobre de corazón que escribe el artículo. A nadie hace daño un poco de ironía, de rebelión astuta, de desfachatez y de grosería bien aplicada. Si el arte estuviera en manos de gente como el que escribe esto no pasaríamos de pintar paisajitos chimbos y arte abstracto para señoras sesentonas… Libertad de expresión por favor!! hasta para moralistas de pacotilla como el que escribe este artículo!!!

    • El daño que hace el desvergonzado a quien me refiero es tan grande que ni él lo sospecha. Intrépidos y desnutridos como ustedes están salpicados de derrota. Libertad de expresión, claro que sí, pero con responsabilidad social real

    • roman, el mismo albaracín usa el estilo de la denigración , solo por que ahora es uno de tus amigos el señalado juzgas a quien se atreve de tener mal corazón. “ironía, rebelión …” etc es lo que hay de sobra en el mundo, y disfrazados de lo mismo para venderse pero actuando para su convencía propia y su rosca aun más. a mi no me engañas mainstream eres una vulgaridad.

  3. al margen- desde otra orilla.

    Creer en el arte que vende y camufla estereotipos de “verdad” o que se anida en pequeños cúmulos de “flaqueza intelectual” es algo que preocupa. Sea del lado del autor o del que cree en nombre de un cierto fantasma llamado “responsabilidad social”, el arte se mueve por otras orillas, inacabado, sin necesidad de que alguien lo tenga o contenga, mucho menos lo asimile a un discurso de supremacía o pleitesía.
    Pensar en una critica al arte contemporáneo aquí en colombia, es sumarse al largo filon de críticos en retablo de parroquia, donde el santo es simplemente santo por la ciega fe de quien lo abandera.
    En colombia hablar de Arte, en su amplia dimensión, conllevaría a desligarse de este tipo de acusaciones o deslices museistas -creo y también discrepo en lo que el autor afirma. como si hubiera un sujeto tras las letras, como si hubiera un alguien a quien acusar…en verdad el arte escapa a su recibimiento y por ende, ni el autor del libro, ni la firma digital de este blog, web o columna, estarían al alcance de eso otro que se mueve más allá o acá de las academias, de los espacios de exposición oficial y de los sitios en donde se dice hay un arte para las comunidades sin comunidad.

    Que no sea del gusto de IMQ el articulo/libro/libreto/librito/artilugio, es cosa que no debería de preocuparnos. lo que si preocuparía es que se siga creyendo en esa beligerancia cortez, cuyos argumentos no pasan del enfado y la visión de juez e inquisidor. quizás esto si deja en claro algo, estamos aun en un país donde creemos estar en capacidad de negar que el otro hable y diga -con mas o menos mayúsculas- que este país con directas o indirectas artísticas esta aun en las cavernas.

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