City Lights

El gran maestro del cine mudo y quien luego entraría a realizar películas habladas es sin duda alguna nadie más que Charles Chaplin. Cada film que realizó a lo largo de su vida mostraba un grado excelso de perfección que hacía a cada una de sus historias, personajes y escenarios una excusa perfecta para criticar la sociedad del momento, las costumbres de las personas, los vicios, las penurias; así como también celebrar lo más profundo que tiene la vida, la fiesta, el enamorarse y las ironías del mundo moderno.

 

En City Lights (1931) Chaplin cuenta la historia de un vagabundo (el mismo vagabundo que sería pieza fundamental en muchas de sus pleículas y que lo inmoratlizaría como ícono del cine) que se enamora de una vendedora de flores que vive con su abuela y que además es ciega.

 

Charlie Chaplin and Virginia Cherrill in City ...
Charlie Chaplin and Virginia Cherrill in City Lights. (Photo credit: Wikipedia)

 

Dentro del personaje del vagabundo Chaplin siempre buscó retratar a un ser que más allá de su estado de abandono y pobreza por encima de todo es alguien con un corazón muy grande que siempre cae rendido ante el amor, ya sea hacia los desfavorecidos o hacia mujeres con quienes logra simpatizar.

 

En su intento por conquistar a la mujer el vagabundo busca diferentes empleos para ganar algo de dinero y ayudarle a que page sus deudas atrasadas. En un golpe de suerte, hay una escena en la que el vagabundo se conoce con un millonario quien está a punto de cometer suicidio y es ahí cuando con su noble presencia logra salvarle la vida. El millonario queda tan agradecido con el vagabundo que lo invita a su casa y le regala dinero y un carro. Es gracias a este obsequio que el vagabuno logra salvar a la ciega.

 

Pero más allá de las particulares escenas del rodaje lo más importante en esta película es el nivel de actuación y performance que hace el Chaplin el actor en cada uno de sus movimientos, gestualidades, y mímicas.

 

El film podría decirse que es un drama con toques de comedia pues el vagabundo finalmente no logra conseguir el afecto sincero de la mujer, o eso es lo que se puede inferir cuando Charlot, el vagabundo, va a visitarla a su nuevo puesto de flores ya no en la acera de la calle y encuentra una mirada difícil de leer en los ojos de una ciega ya curada que lo observa.

 

Esa viene siendo la última escena de la película que deja mucho que pensar. No se sabe nada a partir de ese momento, simplemente Chaplin deja el film abierto a cualquier posible continuación de la historia.

 

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