Ma-duro y el circo político venezolano

venezuela rota

Hay que hacer una reflexión en Latinoamérica, porque la crisis en Venezuela lleva años y los esfuerzos por derrocar al Presidente venezolano no tienen éxito. Desde que el dictador Chávez asumió las riendas del país han sido pocos los venezolanos que han conseguido llevar una vida digna, el resto, ha sucumbido a una falsa ilusión sobre la ideología bolivariana libertaria, igualitaria y soberana. El resultado tras años de escasez y violencia es una Venezuela que se hunde en el abismo de la corrupción, la desigualdad y la fantasía desmedida sin recuperación.

El difunto Hugo Chávez sepultó consigo promesas y añoranzas. En su mente se perdieron las imágenes más desgarradoras de un país retorciéndose en el frío y en el dolor ante una dictadura que subsistió bajo ideales de mentiras y patrañas; un liderazgo paupérrimo de argucias permanentes en búsqueda de la acumulación de riquezas, del despilfarro,  la apropiación de lo privado  y de ideales infaustos.

Latinoamérica es una tierra sana y libre, con oportunidades y gente que irradia confianza para el resto de la humanidad, es un territorio de progreso y crecimiento. Pensamiento sublime! La reiterada realidad es que los países del continente, vistos en perspectiva, para el siglo XXI, aún continúan cargando el peso demoledor de una herencia de siglos de opresión, guerras y dictaduras. La poca riqueza se ha desperdiciado en unas pocas manos. Decir que la concordia y la amnistía han sido las variables de la lucha latina es perder el atino histórico de la realidad continental.

Es muy probable que al inicio y durante la revolución chavista haya existido una contradicción entre lo que Chávez quería hacer con el destino del país y lo que los venezolanos entendían acerca de sus verdaderas intenciones y prioridades. Por un lado, Chávez quería alimentar al pueblo otorgándole ciertos beneficios, y por otro, le estaba quitando lo más importante, su libertad. Así fue como Venezuela entró en un periodo de dictadura disfrazada de benevolencia donde resultaba extremadamente difícil salirse porque tenía en la cúspide de sus decisiones a un hijo de la ideología socialista que no cedía a las tentativas del lujo y el poder, una fórmula para la perdición. Desde entonces, Venezuela sigue desgarrándose lentamente en un pozo de injusticia.

¿Cómo es posible que un hombre consiga mantenerse en el poder aun cuando la realidad muestra que es incapaz de liderar y de conducir al país?  La norma en Latinoamérica y especialmente en Venezuela es la debilidad institucional.  Países con plena función de su soberanía deciden no ejercerla subyugados al poder económico y político de quienes sustentan el poder. Los pocos valientes que se le enfrentan sufren el ser perseguidos. Gobiernos que funcionan como mafias con muchos súbditos cuyo trabajo es infundir terror, quedarse callados ante lo aberrante y asentir ante todo para salvar su propio pellejo.

 Si le das más poder al poder, más duro te van a venir a coger” Molotov

¿Qué lección nos dejan las repetidas manifestaciones perdidas y lamentablemente inútiles a manos de las fuerzas del gobierno las cuales sucumben ante la dotación de armas, escudos, tanques y bombas de las cuales Maduro hace mella mientras baila, como buen dictador, a la par que los venezolanos se hunden en la desesperación?

Algo deben tener los dictadores para perpetuarse en el poder y hacer que los  ciudadanos sean cada vez más miserables y pienso que son dos cosas importantes:  dinero y discurso. Maduro concentra una fortuna que ronda los 3.000 millones de dólares los cuales han sido conseguidos gracias a maniobras infaustas de transgresión y aprovechamiento ante la débil institucionalidad característica de las naciones latinas incapaces de defender sus principios de soberanía. Por que cuando un dictador llega al poder nadie sabe lo que éste hace a puertas cerradas, sólo se ve y oye lo que dice ante los medios que es la mínima parte de su verdadera expresión. Es una realidad que desangra la esperanza de un país por conseguir superarse.

Vaya pesadilla corriendo con una bestia detrás. Nacha Pop.

El suplicio que afecta a Venezuela tiene que indignar a todos los latinoamericanos. Somos y formamos parte de un mismo territorio. No sólo nos une la tierra, también el pasado, la raza, la sangre, nuestras costumbres y no somos tan diferentes como podría hacérnoslo creer las diferencias de acento y altitudes. Somos parte de una misma historia.

La indignación continua y el espíritu libertario se debe desfundar desde la propia ligazón de almas consternadas. Yo no pretendo hacer aquí una reflexión partidista sobre lo que debería ser el futuro promisorio de un régimen político o dictatorial, más bien, quiero sentar conciencia ante una barbarie proporcional a muchas otras vividas en Latinoamérica a lo largo de los últimos años, con diferentes matices y discursos y con responsables protegidos por argucias funestas.

 

 

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