Viviendo en las nubes

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Hace un tiempo cuando el tiempo no era tiempo solía creerse que hacía falta tener sueños para lograr grandes cosas; que el éxito era el resultado directo de seguir una ruta precisa y directa que empezaba por la obediencia a los papás, asistir a la escuela, hacer del ser una versión comprensible para el resto de la humanidad y encajar dentro de los márgenes y estándares de verosimilitud.

Las mentes ajenas creaban la mente interna. Esa era la forma como los sueños se materializaban: copiar los sueños de otros era la manera más fácil de crearse una ruta y de crear sentido a la existencia.

Los años pasaron y las personas cambiaron. Nuevos descubrimientos e invenciones. Primero fue la máquina de vapor en 1769, una revolución grandiosa que permitió a la humanidad transportarse rápidamente a través de lineas de ferrocarril. Luego irrumpió algo nuevo: la electricidad, 1870, cuyo descubrimiento dio a la humanidad nuevas capacidades de supervivencia, acercando el calor y la luz haciendo el menor esfuerzo. A esta revolución siguió la electrónica y las tecnologías de la información, 1970,  donde los sistemas permitieron la conducción de flujos de electrones con carga eléctrica. De esta fase de revolución surgieron los primeros radares de navegación y los sistemas de comunicación. Luego, en 2015 la humanidad entró en una nueva versión de la realidad, sin por esto dejar obsoletos los viejos descubrimientos y es la era digital.

Los sueños que se construían desde la inventiva de copiar al otro, empezaron a  viajar por otros canales, más rápido, y en 2015 llegan a ser abismalmente diferentes a lo que fueron en algún momento las revoluciones del vapor, la electricidad y la electrónica. La era digital cuyo principal elemento es la información hace que todo en realidad cambie para la humanidad, desde el manejo de la identidad, el nombre y datos personales, la forma de comprar y vender, y el intercambio de sueños.

Asistir a la escuela fundamentalmente es una manera de gastar el tiempo. Y como el tiempo no es tiempo hasta que se le dice tiempo, porque la gran paradoja del tiempo es que para que sea tiempo hay que contrastarlo y medirlo, siendo un referente objetivo de causa y efecto y relatividad (si está teniendo problemas en entender esto le recomiendo leer esta entrada:   donde explico la teoría de la relatividad espacial de Einstein), entenderemos que ideas como pasado, presente y futuro no son tan diferentes como se cree. Bajo esta teoría es factible pensar en el futuro como algo que ya pasó. La idea de por sí tiene un carácter bastante inverosímil pero bajo la lupa de la ciencia no lo es tanto.

Un segundo con el dedo en la hornilla de la estufa parece un siglo, un año viviendo dentro de un régimen fascista parece un siglo

Las ideas aprendidas a lo largo de los años nos aportan comportamientos tomados de las mentes ajenas. Es una pelea por el dominio que se libra en la mente de los individuos, en una esquina están los genes y en la otra esquina, la cultura. En el medio, está la persona y sus decisiones, comportamientos, sueños (que realmente lo que quiero decir es que no existen per se) y los miedos, complejos, paranoias y obsesiones. La mente es más compleja de lo que parece y estudios de neurociencia  y psicología nos enseñan que el cerebro es un órgano que se caracteriza por ser una máquina emocional, contrario a lo que se piensa, pensante.

Cuando alguien se refería al estado mental del niño diciendo: está en la nubes, quería aludir a un estado en el que la mente no estaba precisamente en la mente y los pensamientos en otro lugar. Hoy sabemos que vivir en las nubes era el mejor sitio donde los pensamientos debían estar, y lo sabemos gracias a la metáfora que aporta el mundo de la era digital de la información donde cada vez mayor parte de la información que circula sobre todos los seres humanos y todas las empresas que nos venden bienes y servicios se encuentra alojada en la nube. La nube permite almacenar más información y vivir en las nubes es una nueva manera de vivir.

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